(Mt 12, 46 – 50)
Realmente este evangelio ¡cuánto nos interpela siempre! “Los hermanos se presentan fuera, tratando de hablar con Él”. Otros evangelios son muy crudos en este punto y dicen que era porque se corría la voz de que estaba loco. Este evangelio de San Mateo no dice esto. Quizás el de San Lucas y como médico matiza estas cosas como pasa en el caso de la hemorroisa, y quizá San Mateo sólo dice que querían hablar con Él.
“Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo. ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? “
Todo el mundo cuando comenta ese evangelio dice: bueno, es que la Virgen María es más madre de Cristo porque siguió enteramente de un modo inmaculado durante toda la vida la voluntad de Él, más incluso que por su maternidad, y así salvan esta explicación. Ahora, para nosotros aquí eso tiene una aplicación a la que no hay que buscarle rodeos. Si hacemos lo que nos dice, el que cumple la voluntad de mí Padre del Cielo, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre. No solamente aquí esas señoras serán mis madres si cumplen la voluntad del Señor, estos otros señores serán hermanos míos, y estas señoritas serán hermanas mías si la cumplen. No, cada uno todavía es más, si cumplimos la voluntad del Padre. Cada uno es madre, hermano, hermana de Cristo, todo a la vez, e imágenes del Padre con San José. Como van su madre y sus hermanos dice: no, no, cualquiera que cumpla es como éstos, madre, hermano y hermana. Pero si hubiera estado San José habría dicho: padre, madre, hermano y hermana.
Alfredo Rubio de Castarlenas
Homilía de 1988 en Barcelona
Del libro «Homilías. Vol. II 1982-1995», publicado por Edimurtra