Yo le contaba ayer a Jordi que recordaba los años cuarenta. Que el director jesuita nos explicaba y nos ponía como ejemplo cómo teníamos que realmente dejar todo atrás y seguir al Señor: Y uno de los ejemplos que nos contaba, era que un maestro de novicios viajaba con un novicio en el tren, porque tenían que ir a otra parte. Y al parar el tren en una de las estaciones, que es donde vivía la familia de este novicio, salieron los parientes a decirle: tu madre ha muerto ayer y la enterraremos. Claro, el novicio quería bajar para ver a la familia. Y el maestro de novicios le dijo: deja que los muertos entierren a sus muertos, y tú has de seguir el camino. Arrancó el tren y se fueron.
Pero esta frase me resulta a mí un tanto misteriosa. Primero, después del Concilio Vaticano II queda claro lo que ya era claro entonces, que a mí me habían enseñado de modo igual: que el derecho natural pasa por delante del derecho positivo. Por eso, incluso a las monjas de clausura, si tiene un padre, una madre, solos, desamparados, necesitados, y no hay nadie que les pueda ayudar, pues incluso una monja de clausura tiene obligación, y tienen que respetarle, y la Santa Sede se lo autoriza, que salga, claro, a cuidar a su padre o a su madre. Pues esto es así, pues claro que sí. Pero esa frase, esa frase, ahora, al oírla, en el Evangelio, todavía hay un matiz que ayuda a aclarar: Deja que los muertos entierren a sus muertos. Luego aquí está diciendo que los vivos físicamente, los parientes de este muerto, ellos mismos también son muertos. Entonces, ¿Qué quiere decir esta frase?: Deja que los muertos entierren a sus muertos. ¿Se trata de un ejemplo verdaderamente real de que se ha muerto el padre sanguíneo, el padre engendrador, y le dicen este asunto a la persona, al hijo? ¿O eso es un símbolo de que entremedio de todos los muertos, que son los que permanecen en el Viejo Testamento, testarudos no quieren recibir la gracia de Cristo para entrar en la vida viva del nuevo Reino de Dios, la vida del Evangelio? Todos son muertos. Entonces son esos muertos los que tienen que enterrar a sus muertos, es decir, ellos han de ser los propios enterradores del Viejo Testamento, como la ley, porque ya murió la ley. Entonces, este matiz de que los muertos entierren a los muertos, ya se ve que eso no es una cosa física, porque los otros están vivos, claro, los deudos del que ha fallecido están vivos. Pues si les llama muertos, también es una manera de llamar muerto a esa otra persona que, quizá, no es la muerta físicamente, sino que es muerta como los otros son muertos también. Puede simbolizar el padre, es decir, el que ha originado a esos otros muertos, bien el Viejo Testamento, la ley.
Bien, es una digresión que puede servir para entender que puede ser todo diferente en el Reino de Dios: que en el Reino de Dios sí que los vivos tenemos que enterrar al que es vivo, precisamente porque ha muerto Cristo.
Alfredo Rubio de Castarlenas
Homilía de 28 de Junio de 1992 en Modolell, Barcelona