… de los llamados Proto-evangelios, o evangelios de la infancia. Nosotros leyendo esto con fe, esa redacción que han hecho los evangelistas de estos hechos, del nacimiento del Niño Jesús, vemos que cuando los han escrito por algo será; queremos dilucidar el mensaje que hay en ello, el núcleo histórico que puede haber en ello, y qué significa, por qué lo escribe la Biblia, por qué lo guarda la Tradición: luego vendrán los sabios, y ésa es su obligación en querer buscar documentos para comprobar de un modo científico estas cosas. Y claro, los sabios científicos mientras no tienen pruebas científicas, pues no pueden hacer más científicamente sobre la historicidad de unos hechos. Por ejemplo, decían: bueno, la casa de Pedro en Cafarnaúm, la tradición señalaba un lugar, allí había mucha veneración. Y se pensaba que eso pudiera ser una leyenda. El científico no podía afirmar científicamente si no tenía pruebas científicas de que esa devoción popular en un determinado lugar de Cafarnaúm pues en realidad fuera la casa de Pedro; podía pensarse que, como Pedro era de Cafarnaúm, pues allí tenía una casa en Cafarnaúm; y eso consta en los Evangelios, y por lo tanto por cualquier cosa hubieran dicho que aquí era el sitio. ¡Quién sabe!, los cruzados o los que vinieran. Es lógico.
Pero hete aquí que después vienen los arqueólogos, y excavando y excavando, ¡carambas!, ya encuentran las bases de una basílica octogonal, constantiniana en un punto, debajo de ese punto donde la gente iba, y dicen que ¡carambas!, cuando Constantino levanta aquí una basílica que ahora encontramos todas las bases de las columnas. Por lo menos, la gente de Constantino ya tenía una larga tradición de que éste era el sitio, y ya nos retrotraemos al siglo II. Bueno, y siguen excavando, y entonces se encuentran los restos efectivamente de una casa en que las paredes, las pocas paredes que quedan están llenas de “grafiti” de principios del siglo II, en plena era apostólica, invocando a Pedro o con alusiones. Mira por dónde todas esas porquería que se ven en los lavabos, en los urinarios públicos, o todas esas cosas que estropean los monumentos de Colón o de lo que sea cuando uno los visita, o en la cúpula de San Pedro, pues vete a saber, dentro de mil años, gracias a esto, creerán que existió San Pedro en Roma, quiero decir la basílica de San Pedro, porque con las cuestiones del sepulcro de san Pedro se han necesitado pruebas científicas para que los científicos al fin, después de muchos años de abstenerse y de casi decir que mientras no se demuestre eso más bien es leyenda. Y mira por dónde, por algo tan poco serio y tan poco científico como es escribir en una pared con la punta de un cuchillo o cualquier cosa, resulta que eso tiene una importancia científica enorme, ¡claro!, es como encontrar un fósil en un lugar de veinte o cuarenta mil años, y el pobre fósil nunca se creyó tan importante y tan prueba científica realmente.
Pues entonces, claro, hay muy pocas pruebas científicas, y por lo tanto pueden fácilmente creer los científicos que este evangelio de los Magos puede ser una bella y piadosa leyenda. Pero ya en tiempos de Mateo, éste pone esta narración porque quiere significar algo. ¿O debajo de esto hay realmente un núcleo histórico?
Parecía una salvajada que Herodes matara a tantos niños por el miedo de que este Niño nacido, cuando apareció la estrella, le quitara el trono, El trono de David – si ese niño era el Mesías, el esperado… – Y luego resulta que los historiadores encuentran que el bueno de Herodes – bueno, el ¿bueno? de Herodes: Herodes -, que por miedo a que le usurparan el trono mató a sus hijos, mató a dos hijos. Entonces, pues mira, si mató a dos hijos, desde luego no tendría ningún escrúpulo de matar veinte niños pequeños en Belén, los que habían nacido de dos años para abajo. ¡Ah, pues mira, la cosa no es tan descabellada como podía parecer al principio! Bien. O Mateo lo que pone aquí realmente en un estilo de hablar de orígenes, o sea, original, los principios aquí de Jesús; así como hay un estilo de proyectar los cosas en la pantalla del final, apocalíptico, pues hay otro que es proyectar las cosas en Adán, en Eva, en los orígenes.
Quizá lo que proyectan los orígenes de Jesús es la tremenda profecía. Y entonces ya dejemos a ver si algún día encontramos algún “grafiti” en que Melchor dijera: he pasado por aquí, firmado Melchor. Entonces ahí tenemos la prueba científica. Bueno, eso dejémoslo a los sabios.
Nos conmueve la piedad, porque hay una tremenda verdad profética aquí de Oriente, de Occidente, amarillos, negros, blancos, rubios… de todas partes, de todos los confines.
Alfredo Rubio de Castarlenas
Homilía de 6 de Enero de 1986 posiblemente en General Vives, Barcelona