Lc 2, 41 – 51
Todos estos hechos que se relatan en los llamados proto- evangelios que escriben San Mateo y San Lucas, no son historia como la que pueden reseñar otros libros de las cosas que han sucedido en el pasado, sino que es mucho más. Relatan aquí una serie de cosas muy poéticas en su forma, en el fondo quieren explicar cosas que son más profundamente verdaderas incluso, que lo que puede dar de sí un relato meramente histórico. Este género literario con que se revisten esas primeras páginas de los evangelios de Lucas y de Mateo no son historia, pero son más historia, son metahistoria y suprahistoria, y llenas de belleza. Yo creo que en esos dos mil años no se ha representado en las bellas artes ningún otro personaje como los de la sagrada familia, ni de las mitologías ni de hombres y mujeres heroicos en el mundo. Conozco en México un museo sobre don Quijote hecho por un amigo mío, Eulalio Ferrer, que ahora ha cedido todo al Gobierno de México. Ha restaurado un palacio estupendo en Guanajuato, esa ciudad tan española, para cobijar toda su colección de quijotes, no solamente de volúmenes del Quijote escritos en tantas lenguas a lo largo de estos últimos siglos, de tantas editoriales diferentes, de todas las maneras. Debe ser la segunda colección de quijotes en el mundo. Una muy importante está en la Biblioteca de Cataluña, aquí en Barcelona, con los fondos que tenía y los fondos de Peris Mencheta, que era dueño del Noticiero Universal y tenía también una gran colección. Pero éste, además de los libros, tiene pinturas, esculturas de todas las maneras, en bronces, en piedras, todo maravilloso.
Bueno, cuento eso porque eso no es nada si vamos por el mundo y reunimos, hacemos un catálogo de las obras de arte de la Virgen María, San José, del Niño Jesús, de los belenes, esas páginas comentadas por los poetas, recogidas por la música… He estado escuchando emocionadamente en estos días El pesebre de Pau Casals, con las poesías de Alavedra, ¡qué belleza de poesía, qué belleza de música la de Pau Casals, y qué magnífica interpretación de todos los que intervinieron en este coro del Pesebre! ¡Cuánto arte han producido estas páginas tan hermosas! Y hoy vemos una de ellas que es la pérdida del Niño Jesús creyendo los padres que iba con unos, con otros. Se dan cuenta de que no vuelve, tres días buscándole ansiosos hasta que lo encuentran en el templo y allí, hablando, dejaba admirados y absortos a los sabios del sanedrín de lo que decían aquellos labios infantiles. Tenía alrededor de doce años, que es cuando hacían por primera vez la peregrinación a Jerusalén con su familia.
Anteayer vino una joven claraeulalia para despedirse, pues se marcha a Santo Domingo. Yo la escuché con mucha atención, todos los problemas, la situación, los planes, etc. Al final me dijo: bueno, antes de marcharme dame un consejo. Yo le dije: mira, no te voy a dar ningún consejo, pero sí te doy un consejo que dice santa Clara en este librito de Los escritos de santa Clara. Qué consejo le di, o qué consejo le dio santa Clara. Dice lo siguiente: “ las seguidoras de San Francisco, nosotras queremos siempre estar imbuidas de la dama de la pobreza, de la pobreza de San Francisco porque Jesucristo nos dio ejemplo de pobreza. La pobreza en San Francisco a imitación de Jesús. La pobreza es Jesús, con su Verbo, Dios Padre creó todo el cielo y toda la tierra y gobierna todo respetando la libertad del hombre y con la celebración de la libertad del hombre, claro”. Bueno, pues Él, que es el que gobierna todo y lo creó todo, no lo hizo basándose en la riqueza de tener unos medios muy fuertes, como la gente que apoya lo que quiere hacer en este mundo en sus riquezas temporales, en el poder, en su fama, en su gloria. No, nosotros somos pobres, pobres de todo, no deseamos ni famas ni glorias, ni poder ni bienes materiales con que poder realizar nuestro deseo. ¿Por qué? Porque somos Palabra. O sea, Jesús era pobre, pero era la Palabra, y resulta que la Palabra lograba que se hiciera lo que la Palabra decía: creó cielos y tierra. Ésa es la gran riqueza, ser Palabra. Pero una Palabra viva que hace lo que dice. Dice: hágase la tierra, y se hizo. Ésa es la riqueza del franciscano que practica la pobreza, que no logra cosas por su poder material, sino ¡por la Palabra amaos! ¡Amaos! Y la gente se conmueve, se ama y sale el Reino de Dios de un grupo, por ejemplo. O sea que ser pobre significa tener sólo la Palabra, pero una Palabra que logra milagros, que logra que surja aquello que la Palabra dice, predica, reparte, da, y así es como se hace el mundo. No se convierte la gente con ejércitos que van por delante para dominarlos, y de esta manera, a la fuerza, convertirlos. Hay que ser misionero y llevar el mensaje de Jesús y eso conmoverá a las almas, se convertirán, se bautizarán y serán miembros vivos del Cuerpo de Cristo. Somos pobres porque no necesitamos de nada más de lo que ya tenemos para hacer lo que tenemos que hacer: la Palabra. Por eso somos misioneros, por eso llevamos el mensaje y solamente a través de la Palabra – como dice San Pablo- la fe entra por los oídos. Si es auténtica, si es humilde, si es sintónica con Cristo, florecen milagros, no necesitamos los medios de este mundo del poder, la gloria, la fama, la riqueza, porque lo que hacemos lo hacemos por otros caminos, sencillamente por la Palabra de Dios.
Eso es lo que pasó, Cristo dejó fascinados, admirados a los del sanedrín. Un niño que estaba perdido, que ahora habrían dicho por los micrófonos: se ha encontrado un niño de estas características, sus padres lo pueden encontrar en el templo. Bien, hoy harían esto. Un niño perdido, ¿qué es un niño perdido?, no es nada, ¿pero con su Palabra?, ¡con su Palabra!.
La riqueza verdadera, que no necesita de nada más para crear el Reino de Dios en este mundo, es la Palabra. ¡Cuánto más el hombre tiene esa capacidad de belleza, de ornamentar la Palabra con su voz, con su música! Decía hace un momento cómo me emocionaba oír El Pesebre de Pau Casals representado en la ONU, ¡qué hermosura! Cómo subrayaba las palabras aquella música magnífica de esta obra. Pues cuánto más la Palabra si queda todavía bruñida, realizada, esplendente, con lo que se puede añadir a la Palabra sin modificarla nada, sino al contrario, exultándola, sublimándola todavía con el arte, con la belleza, que es una manifestación de Dios Padre en esta belleza rotunda del universo, asequible a toda inteligencia y que es fuente de sabiduría. La Palabra cantada. Es lo que vamos a realizar ahora después de esta Eucaristía cuando allí, a los sones de ese instrumento tan hermoso como es el piano, tan entrañable humano como es la guitarra y musicada desde el corazón, entonces aun más comprendemos la enorme riqueza que es saber decir una Palabra cantada.
Alfredo Rubio de Castarlenas
Homilía del Jueves 12 de enero de 1995 en Barcelona
Del libro «Homilías. Vol. II 1982-1995», publicado por Edimurtra